LAIA MARULL

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Des de muy adentro


© Claudia Costa Oropeza


Laia Marull, actriz nacida en Barcelona, ​​está protagonizando una de las carreras interpretativas más fascinantes y elogiadas de toda la escena española, tanto en cine como en teatro. Todo comenzó en 1993 cuando Lluís Pasqual le ofreció un papel en la obra Roberto Zucco de Bernard-Marie Koltès. El montaje fue tan arriesgado como polémica la obra original, con escenas de un hiperrealismo brutal, y sirvió para presionar a las instituciones en la reivindicación del Palau de l'Agricultura como nueva sede del Teatre Lliure El proyecto de Fabià Puigserver, fallecido dos años antes, estaba aún por construir a pesar de contar con el compromiso político y el Lliure se cansó de esperar llevando la crudeza de Roberto Zucco a un palacio en estado todavía de abandono. En medio de un reparto con grandes nombres del teatro catalán y con un muy joven Eduard Fernández como protagonista, la crítica ya destacó entonces el trabajo "de una espléndida y jovencísima Laia Marull" (Gonzalo Pérez de Olaguer: El Periódico - 14 / 09/93).

El recorrido posterior ha sido de un gran aprendizaje lleno de pasión por una profesión que ella describe sin dudar como muy bonita. Su paso por la televisión catalana con la serie Estació d'enllaç popularizó sin duda su rostro desde los inicios, pero su gran dimensión como actriz la encontramos en trabajos como el mencionado Roberto Zucco (1993), Lulú de Frank Wedekind (2001) dirigida por Mario Gas, encarnando una femme fatale consciente de su sexualidad, libre de culpas y creada por Wedekind desde la absoluta admiración; Hedda Gabler de Henrik Ibsen (2012) dirigida por David Selvas, nuevamente una mujer viviendo en el extremo, rompiendo costuras (difícil pensar en Laia Marull sin que su imagen con el revólver dorado te venga a la cabeza); o el monólogo La llista de Jennifer Tremblay (2016) dirigido por Allegra Fulton donde interpretó una mujer atormentada, obsesionada por encontrar un equilibrio en su rol social pero prescindiendo de lo verdaderamente importante. No debemos olvidar sus papeles merecidamente premiados en el cine: Fugitivas (2000) de Miguel Hermoso, Te doy mis ojos (2003) de Icíar Bollaín y Pa negre (2010) de Agustí Villaronga; sendos Goyas y Concha de Plata en San Sebastián por Te doy mis ojos, a lo que hay que sumar interpretaciones tan elogiadas y diversas como las recientes Brava (2016) de Roser Aguilar, Quatretondeta (2016) de Pol Rodríguez o La madre (2016) de Alberto Morais; y personajes históricos para televisión como las memorables Juana la Loca en la serie Carlos, Rey Emperador o Ermesenda de Carcasona, ambas mujeres de una gran intensidad pero de destinos opuestos: la primera dominada por el poder, la segunda deviniendo el poder en persona.

Laia Marull llega a la entrevista risueña y enseguida se hace presente su intensidad, su fortaleza y una sensibilidad nacida bien adentro que transmite en cada mirada y te obliga a valorar cada detalle. Efectivamente, más allá de sus palabras, a Laia Marull hay que encontrarla en su luz, la misma que nutre la pasión con que da vida a cada personaje.


En tu carrera han tenido mucho más peso los personajes dramáticos que las obras de comedia, aunque sí has podido demostrar tu vis cómica en algunos proyectos y con éxito. ¿Crees que la comedia está poco valorada?

A veces se confunde comedia con escena alegre, y es mucho más complejo que eso. Cuando estudiaba interpretación, uno de los ejercicios consistía en pasar de drama a comedia continuamente y el momento de la comedia era el más complicado. Cualquiera puede tirar de tristezas internas pero hacer comedia en escena es realmente difícil y creo que no se valora lo suficiente. Hay que diferenciar entre recrear una experiencia alegre en escena y lo que resulta cómico, no son lo mismo.

Recientemente en la película "Quatretondeta" hemos podido ver tu vis cómica.

A pesar de que mi personaje no es quien lleva el peso de las situaciones cómicas.

Cierto, pero sí se encuentra inmerso en una atmósfera del absurdo que permite disfrutar de tu expresividad en un contexto de comedia.

Sí, fue muy divertido hacer esta película con toda la gente que participó, tan loca y divertida.

Desgraciadamente, es una película que no se ha visto mucho.

Pero es que yo estoy desesperada en este sentido porque la mayoría de las películas que hago no se ven. Con la crisis hemos visto cómo los proyectos considerados medianos que antes se estrenaban medianamente bien ahora han pasado a ser películas muy pequeñas y minoritarias. Yo no sé qué pasa pero no se les da la oportunidad de crecer. Se estrenan en muy pocos cines y de muy mala manera. Tienes que tener la suerte de que alguien con repercusión la cite para que se haga un poco de revuelo ya que no se dedica ni un duro a promoción. Si no, estas producciones se mueren y es realmente triste porque muchas tienen un valor magnífico. No quiero decir que todas sean buenas, pero hay mucho trabajo detrás y no tienen suficiente apoyo. Por ejemplo, "Quatretondeta", "La madre" o "Brava" son películas que encuentro que tienen mucho valor y se pierden en el olvido.

Es cierto que si miras las películas nominadas a los Goya, encuentras que muchas han tenido una vida muy corta en la cartelera.

Yo tampoco te puedo dar una explicación. Sí sé que hay menos dinero invertido y que el abanico es mucho más pequeño. Las grandes producciones de Tele5, Antena 3, etc, sí que disponen de más promoción, pero buena parte de la producción cinematográfica dispone de muy pocos medios y cero para la promoción, lo que creo que es una falta de respeto hacia el espectador en general porque muchas películas tienen subvención, a menudo muy pequeña, pero por poco que sea deberían dedicar unos recursos para que se estrenaran en mejores condiciones. Si el contribuyente ha puesto dinero también tiene derecho a poderlas ver. No sé cómo se debería hacer, pero hay que encontrar algún sistema. Quizás que pasaran por una segunda rueda de proyección no sé dónde, o hacer bibliotecas en Internet para hacer posible su acceso. No sé qué se debería hacer pero esta cosa de terminar en un agujero negro es muy triste e injusto para el contribuyente. Y aquí también entra el tema de la promesa de una ley de mecenazgo y que nunca ha llegado. No se puede dejar en esta tierra de nadie una industria tan importante como lo es la del cine para un país.

¿Crees que una red de salas públicas sería una opción?

Yo creo que sí sería interesante, es más, creo que deberían estar obligados en cierto modo. Si se pone dinero público, por poco que sea, que lo es, hay que valorar que hacer cine cuesta mucho más y exhibirlo quizás no cuesta tanto. Por lo tanto, sí encuentro que estaría bien que hubiera determinados cines con ayudas, ya que la cuota de pantalla no ha sido posible, y el mecenazgo tampoco, pues hay que proponer soluciones.

Y en el caso de los trabajos de las directoras es aún más complicado.

Sí. Todavía están en un segundo plano. Por suerte en los últimos años, por ejemplo, en los Premios Gaudí ha habido como la mitad de premiados que han sido mujeres, lo que es muy destacable en comparación con su producción, que es muy escasa. La Asociación de Mujeres Cineastas proponía una cuota. Yo no estoy del todo de acuerdo con las cuotas porque siempre me han dado como rabia, pero en este caso firmé el documento. Pensé que hay que empezar por algún lado porque si no se acaba en "saco roto" como siempre ocurre con las promesas de posibles cambios. Esta propuesta me pareció que no estaba mal porque da la idea de dar más opción por puntuación para conseguir subvenciones a mujeres directoras, guionistas y productoras. Creo que esto puede acelerar un proceso de igualdad.

Porque al final el cine, como la sociedad, funciona mucho por inercias.

Sí, cierto.

Y es importante para la sociedad tener referentes de mujeres cineastas.

Exacto.

En las escuelas de cine hay más mujeres que hombres pero luego ...

Pasa en todas las profesiones pero en el cine es muy evidente.

¿A qué se debe este techo de cristal?

A la sociedad en que vivimos que es patriarcal, con modelos donde la mujer profesionalmente siempre debe demostrar más que un hombre. En el cine pasa que hay menos historias contadas por mujeres por lo tanto hay menos personajes femeninos interesantes, pero no luchamos entre hombres y mujeres para conseguir el mismo trabajo, porque el personaje es masculino o femenino. Quizás la lucha está en los sueldos, donde dicen que hay situaciones de desigualdad pero que yo no me he encontrado. No me atrevería a decirlo, pero es cierto que pasa en todas las profesiones.

En EEUU sí existe esta polémica. Allí los sindicatos tienen mucho peso en las producciones.

Aquí los sindicatos no pintan mucho.

Por lo tanto todo depende de lo que negocie cada uno.

Hay un convenio de actores que garantiza unos mínimos en horarios y sueldos, pero son bastantes básicos.

Y las mujeres en el cine tienen un recorrido más corto que los hombres.

En general creo que sí, tal vez más al cine que al teatro. El teatro permite fluctuar en más edades que en el cine, donde la edad es más evidente. Llega un momento que sí te da miedo: mujer, más de cuarenta años ... parece que todo se complica, pero luego recuerdas que hay muchos ejemplos que permiten pensar que puedes continuar trabajando y vivir de esta profesión. Pero sí es cierto que en el caso de la mujer hay una mayor presión por el aspecto físico, especialmente como decía en el cine, lo que en el caso del hombre no pasa tanto. En el cine español el galán puede ser un hombre poco agraciado, mientras que con la mujer es difícil.

¿Crees que un resurgimiento en el cine como el que está viviendo José Sacristán, con quien trabajaste en "Quatretondeta", es más complicado que se de en una actriz?

Lo encuentro maravilloso, ojalá me pasara cuando tenga setenta años ... bueno, de hecho, ¡ojalá me pasara ahora mismo! ¡Cuanto antes mejor! Jajajaja... Pero bueno, no me puedo quejar. No sé si para una mujer es más difícil, no me lo he planteado nunca. Le pasó a Terele Pávez con Álex de la Iglesia. Hay actrices que siempre están ahí también, pero es cierto que hay fenómenos muy extraños en el cine, tanto para hombres como para mujeres. De repente aparece un actor con quien todo el mundo quiere trabajar y los demás quedan en segundo plano, pero tenemos que estar preparados para esta circunstancia porque forma parte de la profesión. Así como hay actores que les cuesta mucho empezar a trabajar y que no paran de hacer castings, a mí me pasó que a la primera me contrataron, son cosas del mundo de la interpretación. Yo tuve la suerte antes de terminar la escuela de interpretación y por la puerta grande. Pero en cambio hay momentos en que lo pasas muy mal porque nadie te llama. 



Foto per al cartell de La llista © Claudia Costa Oropeza



¿Y cómo decidiste dedicarte a la interpretación?

Pues por culpa de Mafalda.

¿Por culpa? ¿No gracias a? ¿Te está traicionando el inconsciente?

Jajajajaja No, no, gracias, ¡gracias !! Jajajajaja Ahora estoy un poco pesimista. También hablando de Mafalda, ¿quién puede ser muy optimista?


Como mínimo, los dibujos hacen gracia ...

Eso sí ... ¡alta comedia! Fue un día que yo estaba en un concierto y mi padre me regaló "Todo Mafalda" y me dijo que era mágico, que si le hacía una pregunta ella te contestaba. Durante la noche, yo estaba hablando con unas mujeres y comentaron que habían ido a una escuela de interpretación y que a mí me encantaría. Yo me puse muy nerviosa y cogí el libro e hice lo del dedo, que cayó en una viñeta que ocupaba toda la página con Mafalda diciendo "Si así no lo hiciereis que dios nos libre de la que se va a armar ". No pude dormir en toda la noche y al día siguiente fui corriendo a decirle a mi mejor amiga que nos teníamos que apuntar a interpretación, en el Institut del Teatre o donde fuera, pero que teníamos que hacerlo. Después, por cosas de la vida, yo no pude ir al Institut del Teatre porque me había comprometido con mi madre a trabajar de monitora todo el verano en la granja escuela que ella tenía y finalmente fui a las pruebas en la escuela de Nancy Tuñón, donde estudié. Y cuando sólo había hecho primero, Lluís Pasqual buscaba niñas de quince años o que lo parecieran para hacer el personaje de "Roberto Zucco" en la nueva sede del Lliure, la primera representación en la nueva sede antes de comenzar las obras. ¡Y fue gracias a mi amiga que sí pudo ir al Institut del Teatre! De hecho, por coincidencia con la muerte de mi padre no pude ir al casting, pero me volvieron a llamar y me cogieron. Cosas del destino, ¡estaba escrito en los oráculos!

En Mafalda, quieres decir ...

¡Exacto, jajajajaja! ¡Y yo no podía decepcionar!

¿Y cómo fue aquella primera experiencia en el Lliure?

Fue una experiencia brutal, muy emocionante. Además, para mí fue un aprendizaje explosivo pues yo sólo había hecho primero en la escuela de interpretación. De hecho, aún sigo trabajando así, no tengo mucha técnica. Todo fue muy intuitivo, muy inconsciente, aunque seguramente fue más consciente de lo que creo, pero a menudo pienso que es el mejor trabajo que he hecho nunca porque había una parte de inconsciencia y fuerza estando allí sin saber muy bien ni cómo ni porqué que fue fantástico. Además era una obra muy esperada en la ciudad. Lluís Pasqual había estado trabajando en el Odéon-Théâtre de l'Europe de París, y volvió para hacer esta función. Al terminar la obra, salíamos todos, que éramos hasta veinte actores, con la maqueta enorme que Fabia Puigserver había hecho de la nueva sede del Lliure, que finalmente se construyó. Entonces se trataba, sin embargo, de reivindicar que ese espacio fuera el nuevo Lliure. Y la obra fue muy potente. Estaba Eduard Fernández haciendo de Zucco. Él venía de Els Joglars y nadie lo conocía como actor dramático, pero tenía una fuerza impresionante. También estaban Orella, Vilarasau, Lizaran, Bosch, Benito, Amparo Moreno, Lucchetti y Torner, que ya nos han dejado los dos ... Había mucha gente buenísima y yo allí en medio, flipando y divirtiéndome mucho. Empezando a entender la profesión y la pasión que requiere este trabajo que es muy bonito.

¿Y la interpretación que ha supuesto para ti a nivel personal?

No lo sé. Soy una persona que no me gusta pensar ni en mí ni en el futuro ni en cómo soy o dejo de ser. No me gusta. ¡Soy como puedo! Por un lado, estoy siempre haciendo disección de personajes pero por el otro no me gusta hacerlo conmigo. Es gracioso. Creo que mi introspección ha sido más a través de mis personajes. Descubres cosas de ti que las haces en nombre de otro y eso es muy divertido y sobre todo interesante. Es una profesión muy paranoica pero también muy lúdica, pues siempre estamos jugando a contar un cuento y mover cosas en el espectador, intentando que busque en su interior y descubra algo nuevo. En este sentido es una profesión muy bonita.

Y para ti, ¿qué es fundamental que tenga un actor aparte de la técnica?

La capacidad de transmitir. La empatía y la observación son muy importantes, pero siempre te lo puedes inventar. Aunque lo que vive un personaje no me haya pasado, busco dentro de mí para crearlo y a través de lo que encuentro en mí puedo vivirlo. Hay un maestro japonés que trabajó con Peter Brook, Yoshi Oida, que hablaba del actor invisible haciendo referencia a la cultura ninja, y decía "yo no quiero ser el actor que señala la luna sobre un escenario con el público diciendo "¡qué bien que señala la luna!". Yo quiero ser el actor que señala la luna y el público ve la luna ". Y yo quiero ser ese tipo de actor. No siempre lo consigo.

¿Crees que no?

Hay momentos que siento que sí, pero lo que tú sientes y lo que siente el público ... Sí me llega lo que sienten, pero a veces pienso que soy un fraude, jajajajaja. En general soy buena conmigo misma y siento que lo hago bastante bien y que llego al público. También ocurre que sientes que no llegas donde querías llegar, cada proceso es un mundo, y también afecta quién es el director y quiénes son tus compañeros de escena. Es muy difícil, pero evidentemente si sintiera que no soy buena ya me habría retirado.

¿Crees que esta capacidad de autocrítica está muy presente en el mundo del teatro?

Más allá del teatro, en nuestro país la autocrítica no es muy frecuente. Empezando por los hombres que El Roto pinta con la nariz negra. Somos cero autocríticos, y en el mundo del teatro y el cine también pasa.

¿Hay mucho de narcisismo y egocentrismo?

Sí, ahí es nada. Ahora bien, tengo que decir que también se forman familias para sacar los proyectos adelante.

De hecho, está muy claro que la mayoría de los proyectos salen adelante gracias a la colaboración.

Es que se necesitan equipos gigantes, sobre todo en el cine. Y hay que ponerse de acuerdo para contar una historia con una sola voz. Los hay que tienen muchas puñetas, no te diré que no, y desgraciadamente reciben más atención, a veces, pero muchos menos de lo que parece desde fuera. La gente va a trabajar ofreciendo lo mejor de ellos al servicio de una historia.

Y hablando de historias, ¿còmo te ves trabajando en comedias?


Me gustaría mucho pero me veo poco porque no tengo la oportunidad. También me daría miedo porque el tempo de la comedia es muy difícil y sin practicarlo te queda lejos. La he tocado tanto en teatro como en cine y lo he disfrutado mucho, y me veo. En mi interior yo sé que sería muy buena comedianta, jajajajaja.

Como en el caso de "Quatretondeta".

Allí estaba rodea rodeada de cómicos fantásticos: Sergi López, José Sacristán, Julián Villagran ... todos con una gran vis cómica y yo allí en medio. La historia es muy bonita, con esa cosa macabra de hacer comedia de la muerte que es más frecuente de lo que pensamos pues la vida y la muerte se tocan. En los funerales hay una gran posibilidad de hacer comedia. El director es Pol Rodríguez, que viene de aquellas tierras de Alicante, y consiguió la colaboración de todo el pueblo para hacer los coros y la gente venía encantada. Yo hacía de maestro de ceremonia con un sable ... reprodujimos todo un pueblo y la gente de las regiones se implicó de tal manera que sin Pol no habría sido posible.

¡Un ambiente muy de Berlanga!

¡Totalmente! La gente de allí tiene una alegría de vivir muy divertida.

La memoria que tengo de ti más impactante viene de tu papel de Hedda Gabler en el Lliure, un personaje que rompe con todas las convenciones.

Disfruté mucho con este personaje pero fue muy duro también. Encontrar qué le pasaba y sus motivaciones requirió mucho trabajo pero hicimos piña todo el equipo y de alguna manera encontramos una posible Hedda de las muchas que se pueden mostrar.


¿Tenía muchode  Laia Marull aquella Hedda?

Es muy alejada. Era una Hedda más cercana a mí en el sentido de que no era una Hedda fría y calculadora que se aburre, como se ha presentado a menudo, sino una que luchaba contra todo esto continuamente, una más activa, cuya malicia no era nunca para hacer daño. Todos mis personajes tienen mucho de mí, aunque sea una asesina. Como comentábamos antes, trabajo mucho buscando dentro de mí aunque sea alguien muy alejado de mí. Es muy complicado, difícil de explicar, cuando empiezas a leer sobre un personaje que tienes que hacer hay una parte racional pero también una muy sensorial. Los personajes van saliendo mientras los trabajas, cuando vas haciendo todo su recorrido, sobre todo en el teatro, y cuando sientes que lo has encontrado es algo sensorial, más que emotivo. Sientes que ya lo tienes. Hedda en particular fue muy difícil porque es un personaje muy complejo.

El concepto sensorial encuentro que procede muy bien en el caso de Hedda Gabler. Pienso ahora en el film "Lady Macbeth", donde la protagonista pasa por encima de quien sea para sobrevivir en un momento en que la mujer es poco más que un objeto, incluso de intercambio económico entre familias.

Sobrevivir para la liberarte de unos cánones que te ahogan. Hedda ya dice que tiene unos arrebatos de los que se puede abstener. Muchas cosas las hace por puro impulso, pero es un personaje muy trágico. Una persona que no puede estar en la verdadera piel, con mucha lucha interna, por mucho que pareciera muy frívola, como si estuviera por encima de todo, pero no era nada así. Una lucha constante con su naturaleza dentro de un contexto donde no podía ser ella misma en ningún momento. Y yo la quise mostrar en esta lucha, pero llegar con aquella pistola, al final, aquel disparo ... vivir ese momento, aquella lucha cada noche, fue muy duro.

¿Te resulta difícil dejar atrás los personajes?

Algunos sí. Por ejemplo, el caso de la Lulú es el que más me ha costado. Era un reto físico y mental muy bestia estar más de tres horas en el escenario. Pero también tiene un punto muy interesante el teatro en este sentido. A veces se te hace duro tener que volver a hacer la obra ya que siempre tienes la angustia de si lo harás mejor o tal vez peor que el día anterior. Pero hay una parte muy bonita en este ritual, ya que parece que te estás repitiendo pero cada noche la gente es nueva y encuentras cosas nuevas en tu interpretación. Entonces piensas "¡ahora sí que lo sé hacer, joder, y no antes! ¡Que vuelvan los que ya la han visto, que ahora lo hago mejor!!!". Siempre hay matices que van ganando fuerza a cada representación y que hacen que la obra vaya mejorando. También puede ocurrir que nos perdamos como compañía porque algo e desvirtúa y el proyecto pierda fuerza. Es un trabajo duro, tienes que ir con cuidado de no desviarte. Cada día es una incógnita, tienes la angustia pero luego en el escenario es una obra diferente, y en general ves que vas ganando terreno. También ocurre como espectador, incluso con una película que vuelves a ver después de muchos años. Encuentras cosas nuevas.

Muchos de tus personajes más recordados se mueven entre la fragilidad y una gran fortaleza, como en el caso de "Te doy mis ojos" o "Brava".

¿Pero no nos pasa a todos esto? Somos fuertes en ciertas cosas y débiles en otros. Cierto que hago unos personajes que viven en el extremo, pero todos tenemos fortalezas y debilidades. A veces las personas parecen muy fuertes pero no lo son tanto, como la protagonista de "Brava", que puedes pensar que es una persona fría y no le ves su fragilidad, dado que no conoces su recorrido emocional.

¿Crees que ella era consciente de su fragilidad?

Sí, sobre todo después de lo que le acaba pasando. Quizás antes no era tan consciente. La fragilidad te puede hacer más valiente y generoso pero a algunos les hace más "chungos" que nadie. Yo no sé cómo es la gente, pero nadie es blanco o negro, sino una mezcla de muchas cosas que hacen una unidad con muchos matices, y eso es lo que quiero transmitir, son los personajes que me gustan.

¿Esta capacidad de transmitir esta fragilidad es más un trabajo tuyo que no una definición del personaje?

Yo soy muy responsable de ello en el momento que me piden hacer un personaje. Los dos ejemplos que me has puesto son personajes muy dañados que necesitan la fortaleza para salir adelante. Las mujeres maltratadas con quienes hablé cuando trabajaba el personaje de "Te doy mis ojos" me mostraron como rasgo común su fortaleza, cuando podrías pensar todo lo contrario, pues son personas que han sido subyugadas a otro que te pueden hacer creer que son débiles, pero encontré todo lo contrario, una gran fortaleza y coraje.

¿Tú te ves a ti misma como una persona fuerte?

Sí, pero también con mucha fragilidad de la que no me escondo. Yo soy muy boba y susceptible, pero tengo una fortaleza interior que espero que me acompañe siempre. Nunca se sabe. Siempre pienso que todo me irá bien, pero esta confianza también merma bastante cuando ves que te han dado muchos premios y de repente tardan en llamarte, y sufres. Sí, vas a unos Goya pero ya no eres mediática, ya tienes más de cuarenta años, te salen arrugas y te llegan las inseguridades, pero tengo una fuerza interior en la que confío, a pesar de que soy consciente de que hay muchos factores que no dependen de ti y eso preocupa mucho.

¿Y has pensado en la autoría o la dirección?

No, la verdad es que no.

¿Pero tienes otras inquietudes artísticas?

Me gusta la fotografía e ir a clases de baile, pero son cosas que no puedo ofrecer porque las hago sólo desde el gusto personal, desde la tontería. Me gustaría tener la faceta de dirigir o escribir, pero no la tengo. Sería un poco más independiente, pero también tendría más frustración tal vez, porque es muy difícil conseguir hacer una película.

Para terminar, ¿me podrías explicar un sueño o un recuerdo de la infancia?

No recuerdo mis sueños, así que te contaré un recuerdo. Mi hermano y yo con unos vecinos encontramos unos cachorros que estaban con una perra salvaje, y nosotros nos quedamos uno, porque se morían de hambre. En casa ya teníamos uno, un perro lobo muy grande, Rock, y el nuevo vio que tenía que seguirle y copiar todo lo que hacía. Era muy divertido, porque cuando Rock cruzaba la pata, el otro lo hacía idéntico, ¡todo clavado! Y se fue haciendo mayor, pero a pesar de ser grande todavía era muy jovencito cuando una noche de tormenta, que ponen muy nerviosos a los perros, él empezó a golpear la puerta de casa, porque los teníamos en el patio. Curiosamente no parecía nervioso, pero quería entrar. Le abrimos la puerta y se acercó a cada uno de nosotros a darnos la pata. Como si quisiera tener este momento con la familia. Después lo llevamos a dormir fuera y al día siguiente había desaparecido. Estaba enfermo y estábamos convencidos de que había ido a algún lugar a morir y, efectivamente, al poco tiempo encontramos su cadáver en el bosque. Alguien de la familia había oído que algunos perros cuando sienten que se mueren, se van. Reggae se llamaba.

Una entrevista de Juan Carlos Romero
Fotografias de Claudia Costa Oropeza
Cortesía de Laia Marull
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