SAFO

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Fotografía para el cartel promocional de Safo © David Ruano


Cuando uno repasa la historia del cine constata fácilmente nuestra dificultad para huir de nosotros mismos. Así, viendo un western realizado en los años cincuenta, setenta o noventa, todos en teoría ambientados hacia la segunda mitad del siglo diecinueve, lo que vemos por encima de todo es el criterio estético de los años en que se realizó el film, y no el de la época que recrea. En los cincuenta veremos hombres de pelo corto, bien peinados y afeitados, ropa limpia e impecablemente planchada, mientras que en los setenta dominarán los harapos andrajosos, las greñas y las barbas mal o nada cuidadadas. Esto es, vemos en relación a nosotros, nuestra proyección sobre el mundo. 
 
En la versión teatral de Safo creada por Christina Rosenvinge, Marta Pazos y María Folguera y presentada en el Teatre Romea de Barcelona dentro del Festival Grec 2022, vemos como la poeta es vista de manera voluntariosa y usada como instrumento para mostrar una mera superficie de la autora griega para hablarnos de lo que proyectan en ella, quedando de Safo poco más que una estética. Safo no está. Como ella escribió "bajo tierra estarás, muerta nunca de ti memoria habrá" . Está, eso sí, Christina Rosenvinge, siempre un enorme placer, con nuevas y maravillosas músicas para entonar los versos de Safo, y una secuencia de escenas corales, dúos de danza y solos, jugando con las representaciones inconográficas de Safo de la época romántica pasadas por un filtro kitsch postmoderno muy libiano y divertido, pero poco sustancioso. No hay tierra, no hay muerte, bueno sí, una escena  funeraria al estilo Blancanieves encumbrando a Safo como mesías de la liberación, pero que se derrite en el azucarillo pop, sin drama existencial alguno. 
 
El espectáculo es verdaderamente disfrutable pero la poesía de Safo no forma parte de él por más que se reciten sus versos. Estamos ante otra cosa, con puntos muy valiosos si nos olvidamos de la referencia a la poeta griega. Si en lugar de Safo se hubiera titulado Rosenvinge, habría ganado enteros porque las músicas son rosenvingenianas en el mejor de los sentidos, las artistas que acompañan a la cantautora en escena, tanto en baile como en música, son de un gran talento que demuestran bellamente en el escenario, y la puesta en escena, si la referencia es, insisto, Rosenvinge, es novedosa y fantástica.  Bravo pues a Rosenvinge, Irene Novoa, Juliane Heinemann,  Lucía Bocanegra, Lucía Rey, María Pizarro, Natalia Huarte y Xerach Peñate en sus interpretaciones que levantaron pasiones entre un público plagado de cantautoras de referencia indie: Maria Rodés, Maria Arnal...Pero Safo no está, sigue sola bajo tierra.  
 
Un texto de Juan Carlos Romero
Fotografía de David Ruano cortesía de Festival Grec
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